Miedo. Y una lucha a contracorriente.

Miedo

Vivimos en la era del miedo. Miedo a vivir, miedo a empezar, miedo a evolucionar, miedo a arriesgar. Miedo a amar, miedo a darnos a conocer, miedo a comprometernos, miedo a que nos hagan daño. Miedo a marcharnos. Pero sobre todo, miedo a quedarnos.

Y sinceramente, yo me pregunto: ¿hasta cuándo vamos a posponer la vida? Esa vida de verdad, esa experiencia auténtica. ¿Para cuando seamos tan viejos que ya no podamos con ella? ¿Para cuando estemos muertos?

Quizás sea una kamikaze, o quizás no me sienta inmersa en este “sentimiento” moderno asustadizo, que va de frío, que va de fuerte, y que en realidad no nos aporta nada. Falsa sensación de seguridad y protección, que nos aleja de todo lo pasional, de todo lo profundo. Me agoto de verlo a mi alrededor, pero es que yo no sé ser de otra manera. Y aún con todo, a veces me arrastra, si me despisto…

Bueno, espero que os haya gustado esta breve reflexión sobre lo que, a mi juicio, cada día es algo más habitual. Esta sociedad, las personas que la formamos, las nuevas “costumbres sociales”… si lo pienso bien, tengo la sensación de que estamos desaprendiendo a relacionarnos. El concepto de “interrelación”, con todo lo que conlleva, se nos ha hecho grande, gigante; y ya no sabemos volver atrás.

Pero quiero creer que siempre quedará la esperanza de esos valientes (para otros quizás insensatos), que nunca dejarán de luchar contra la tendencia general. Esos que no le temen a sus sentimientos, ni a materializarlos, ni tampoco tienen miedo a las palabras. Esos que, tan locos (¡y a mucha honra!), son capaces de vivir cada experiencia al cien por cien. Ojalá que alguno o alguna de ellos me esté leyendo ahora mismo.

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